Cuando comencé a trabajar con niños y sus familias, me di cuenta que yo podía formar una relación con niños de todas las edades.  Yo pude crear un medio seguro para ellos a fin de que compartieran sus miedos y sus dolores, sus gozos y sus esperanzas. Años después, trabaje como consejera en una escuela y me familiarice con la estructura y procedimientos de Los Ángeles Unified School District.

En este ambiente, fuera de los confines de mi práctica privada, yo obtuve una nueva perspectiva de los problemas que los niños encaran y como les impactan profundamente en su diario vivir y en sus relaciones.

En años recientes, me he dado cuenta que es más importante ayudar a los padres a aprender a hacer fuertes y positivas conexiones con sus niños más que conmigo. De hecho es esencial que el lazo entre padres e hijos sea desarrollado y fortalecido fuertemente. Ahora entiendo que como terapista que trabaja con familias soy más que nada, una maestra, una facilitadora y algunas veces la guía para padres enojados, confundidos, ansiosos y exhaustos.

Con mi ayuda terapéutica y mi guía, los padres son enseñados a intervenir en la vida de sus niños, positiva y efectivamente. Es en estos encuentros donde se ayuda al proceso de sanación.

Aunque hay algunas situaciones donde yo hago la sección de atender a un niño individualmente, mi meta es ir más allá donde sea posible, trayendo a las familias juntas hasta el fin. Sea que estoy ayudando a los padres a desarrollar habilidades de comunicación o  a ser más cariñosos y demostrarlo unos con otros, o a ser más consistentes y crear límites saludables, es sumamente importante que sea una parte integral de ésta experiencia. 

También encontré que mi rol al trabajar con familias es ayudar a los padres a explorar la complexidad de sus propias vidas, pensamientos y sentimientos, así que ellos puedan sobrepasar los impactos negativos y con habilidad llenar las necesidades diversas de sus niños.


"Si tuviese que crear a mi hijo de nuevo, quisiera construir primero su  autoestima y más tarde la casa. Jugar más a pintar con los dedos, y no usarlos tanto para señalar. Tendría menos corrección y más conexión con él. Quisiera quitar mis ojos del  reloj y verle a mi hijo. Quisiera tener más alegrías y volar más cometas juntos. Quisiera dejar de jugar  a ser serio y jugar en serio. Quisiera correr más a través de los campos y contemplar más las estrellas. Le daría más abrazos y menos distanciamientos." - Diane Loomans



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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